
El viernes, fui a la sala de la Aecid para ver La Partida de Petra, obra que me llamaba la atención por varios motivos. Primero, porque era una rara oportunidad de conocer el trabajo de Claudia Eid en la dirección, ya que por desatención mía no había ido a ver Desaparecidos (2006), su elogiado debut al frente de El Masticadero, la compañía teatral que la artista fundó y en la cual desarrolla su labor luego de su salida de Kíkinteatro, el famoso grupo creado y liderado por Diego Aramburo.
En el 'Kíkin', la había visto actuar en Ese Cuento del Amor (2003), al lado de Aramburo y de Glenda Rodríguez, otra tremenda actriz que hoy también tiene su propia compañía (Opsis Teatro, en Santa Cruz). Además de su origen cochalo, ambas tienen en común el hecho de haberse formado en filas de Kíkinteatro y de haber cosechado un sinfín de premios como directoras del ya tradicional Taller de Teatro de la UPB, en distintas épocas.
Y si de actores se trata, ya conocía también el trabajo de Daniela Gabela (...Feroz) y Alejandro Marañón (Crudo, ...Feroz), por lo que me faltaba tan sólo ver en escena a Daniela Elías, la actriz que completa el trío de personajes que componen esta singular obra. Las buenas críticas recogidas por La Partida... desde su estreno me daban la pauta de que vería una muy buena puesta, idea que luego sería confirmada con creces.
La obra arranca con Petra (Gabela) siendo interrogada por una pareja de inspectores primermundistas (Elías y Marañón), quienes deben decidir si la tercermundista puede o no ingresar a su país y la inquieren sobre su 'extraña' y 'sospechosa' decisión de no tener hijos. Mientras aquélla emprende un viaje a la búsqueda de un lugar y de sí misma, estos últimos sólo desean extrarle un óvulo para poder tener el soñado hijo que no lograron concebir. Es un punto de partida interesante, aunque el inicio algo tibio sirve para situar al espectador pero aún no lo hace intuir lo que está por venir.
Sin embargo, luego a partir de la segunda escena, la historia alza vuelo por un texto bien planteado y un trabajo por demás solvente del trío de actores, que con movimientos chaplinescos se desplazan de un lado a otro, con gran desenvoltura. La pareja, perfecta y a ratos brillante en su caracterización del marido sumiso y la esposa dominadora, regala al público algunos de los momentos más divertidos de la puesta. Por su parte, Gabela maneja con rara facilidad registros que pueden ir desde el drama o la angustia hasta el histrionismo más cómico, como en ese inenarrable baile frente a los inspectores en la discoteca.
Durante toda la extensión de la obra, es notorio el trabajo arduo de los involucrados (directora y actores), porque el resultado en escena no sólo es pulcro, sino tiene ese algo más que solamente los grupos en que hay mucha dedicación, rigor y complicidad logran: esa energía que hace que todo resulte tan armonioso, que actuar (to play) termina siendo exactamente eso, un juego en el que tanto artistas como espectadores se divierten. Un plus que la mayoría de los elencos bolivianos aún no alcanza a ofrecer a su público.
Esa calidad vista sobre el escenario acaba por hacer prescindible el uso de grandes recursos, puesto que tan sólo ocho sillas verdes constituyen la escenografía, que es 'cambiada de lugar' por los mismos actores, los cuales tienen momentos particularmente bien logrados, como ése en que el personaje de Gabela habla de su condición de mujer y de su decisión de no tener hijos, algo que no se transforma en parábola sensiblera por habilidad de la directora y de su actriz, que saben encontrar el tono y el tiempo correcto para no caer en lo discursivo. Aunque el final me pareció un poco abrupto, en ningún caso perjudicó la obra en su conjunto, puesto que a esa altura, ya el trabajo estaba hecho, el mensaje transmitido y el público ganado.
En definitiva, La Partida de Petra es un ejemplo de lo mejor del teatro boliviano actual, con la buena constatación de que sus realizadores son gente muy joven y con suficiente empuje como para seguir en la batalla. Ahora, El Masticadero se prepara para abrir el Festival Nacional de Teatro Bertolt Brecht, cuya undécima edición se inicia este jueves en Cochabamba. Allí estrenará El Feo, con dirección de Eid sobre un texto de Marius von Mayenburg, y las actuaciones de las dos Danielas, Alejandro y Jorge Alaniz. Habrá que estar muy atento al trabajo que esta compañía viene realizando sobre las tablas.
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